Atasco

 Conocí a un hombre bueno que se rindió. Era el sonidista del local donde, muy frecuentemente, con mis amigos, bebo café. Dicen que ya no pudo, que se obstinó, que todo estaba áspero, que la vida está dura. Dicen que no le quedaba ni la esperanza.

Decidió suicidarse.

Lo conocía de vista, de pedirle aquella canción o esta, de prestarle la fosforera. Pero me contaron. Y eso me puso triste.

Estuve horas asimilándolo. Di vueltas y vueltas. Salí de casa, caminé el pasillo del edificio, fui hasta la ventana que está justo al costado de la escalera. Entonces miré el mundo… Hacen días de frío. Llueve, truena. La ciudad se desboca. Uno la observa, la mira desde un punto arriba, lejos, y luce gris. La gente anda cubierta; pero desde ese lado interior de una ventana uno se siente protegido, tibio. Puede juzgar o amar o detestar ese pedazo de mundo que es de uno; uno que tiembla, alza el dedo índice, lo apoya en el cristal, señala al cielo, o a las paredes de los edificios, o a las personas que desandan fuera, y puede componerlo todo a su gusto. Cambiarle los colores. Hacer que llueva, o que florezca, o nieve.

Detrás de una ventana, resguardado, uno está cerca de sentirse un dios.

Algo cercano sucede con la vida. Uno se acuesta y se la recompone. Planifica, concibe, traza pautas, estrategias. Uno mapea sus asuntos. Busca el modo rentable de resolverlos. Se acuesta pensando en que, con el sol, quedan cosas pendientes que resolver. En casa, en el trabajo. A las seis, levantarse, hacer la cama, el desayuno. A las siete a la calle. Encaramarse en el transporte público. A las ocho esto, aquello o esto otro.

Pero hay algo que sucede con la ventana. Es el momento triste de bajar el dedo, de volver la vista; de saber que, aunque luce sencillísimo, uno debe resignarse a lo azul del cielo, a las paredes rectas de los edificios, a que no caiga nieve. A poner el pie en el suelo y salirse de lo blando de la cama. Y saber que las horas que a uno lo componen también componen a otros. Y uno debe adecuarse a ello. Porque, a fin de cuentas, uno es un ser circunstancial.

Entonces comienzan las rutinas. Las trabas, los tropiezos, los atascos, la convivencia. Entonces todo aquello que parecía simple va embrollándose. Se complica a tal punto que uno piensa que no es dueño siquiera de su vida, que está sujeto a todas esas cosas que, como pequeños trastazos silentes, van tumbando a pedazos los cientos de ilusiones, los proyectos, los rezagos del mapa que uno compuso, la estrategia incluso. Casi todo se herrumbra. Y uno piensa en abandonar. Y a veces abandona. Da paso a otros proyectos y cuestiones. Hace como que olvida. Se resigna. La vida me pasó la cuenta, dice. No puedo, dice. Ya no tengo ganas, dice. Luego se rinde.

Se rinde como el hombre del que hablaba. Como si fuera esa la manera de solventar las trabas, las tristezas. Como si la esperanza fuera algo que uno, sencillamente, puede dejar marchar.

Aún lo pienso y no lo asimilo.

Así que escribo esto para dejar claro algo, y es que uno es tan dueño de sí mismo como de sus problemas. Y del modo de resolverlos. No puede hacer que llueva, o que alguien ya no piense como piensa, o hacer pájaros, flores. Uno puede persistir, obstinarse, trazar mapas, maniobras nuevas. Hasta que un día salga, como por magia, alante casi todo…

¿Dónde dice que, aunque sea detrás de una ventana, no puede uno convertirse en un dios?

Anuncios

3 comentarios en “Atasco

  1. No sé que decirte Jank. Me has dejado con la boca abierta. Eso que has escrito da placer a los ojos. Me cago en tu madre por escribir tan bien. Por escribir mucho mejor de lo que yo voy a escribir jamás. Te odio Jank. Odio todo lo que escribes porque es demasiado bueno. COÑO.

    Le gusta a 1 persona

  2. Hola Jank, todos te llaman por tu segundo nombre, así que., bueno; me encantan tus escritos. Sencillos, profundos, desnudos, casi en los huesos de tan sinceros. Esta claro que no necesitas que te animemos a seguir haciendo lo que por naturaleza te brota. También escribo, por lo que se que jamás se agotara tu pluma. ¡Felicidades! Te saludo desde Chile y espero volver a caminar algún día por la Habana.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s