No mágico

Digo sinceramente que estoy dormido, y que apenas coordino, que estoy ya hastiado de ver a mi hijo una hora o dos al día, o más, durmiendo, que quiero estar un día, y varios días, con él, y con mi esposa, que todo esto de la trascendencia me está dañando por mucho que digan que escribo bien, que tal y que tal cosa, por mucho que me encierre en la habitación y baje con la llave en la mano apenas a la hora de sentarme a la mesa, pedir el periódico, mirar los cuadros alrededor y las copas vacías, las una o dos personas que vienen a sentarse y que mañana, mañana en la mañana, ya no estarán, o no estarán al menos a la hora de sentarse otra vez a la mesa. Y como solo. Meriendo solo. Solo. Solo. Todo. Qué triste. Total, luego me preguntan y diré que en el viaje me fue bien, que un avión en vuelo es como una guagua que avanza por tierra con dolor en los oídos, de mandíbula, con un modo estupendo de tragar saliva para que reviente la cavidad comprimida en la oreja, por dentro, y mascar chicle, y que el paisaje luce como una nube vista desde arriba, porque eso es, no más, no mágico, nada. Sin embargo se me hace corto el viaje aunque ando sin audífonos, porque ahí luego seré el extranjero, comenzarán a cerrarse todas las puertas y andaré corriendo de un lado a otro, con tal de cumplir.

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